Hay colaboraciones que nacen de una conversación entre personas que comparten la misma pasión por los libros.
Hoy tengo la alegría de presentaros a Izaskun Albéniz, que participa como colaboradora invitada en Pedro Gala escritor con un texto que estoy seguro de que disfrutaréis.
Izaskun es escritora de ficción criminal y una lectora voraz desde que los libros se convirtieron en su primer refugio. Creció entre los Hollister, los casos de Perry Mason, las aventuras de Barco de Vapor y cualquier historia que cayera en sus manos. Aquellas lecturas moldearon su curiosidad, su imaginación y, sobre todo, el impulso de contar sus propias historias.
Para ella, un libro siempre ha sido un lugar seguro: un espacio donde encontrar cobijo, evasión y compañía. Y ese mismo refugio es el que aspira a ofrecer con sus novelas. Si alguna vez una de ellas consigue acompañar a un lector en un momento importante de su vida, siente que habrá alcanzado su objetivo.
Es un placer abrir este pequeño rincón para compartir su voz con todos vosotros. Espero que disfrutéis de esta colaboración tanto como yo he disfrutado invitándola a participar.
Papá
Por Izaskun Albeniz
Subo las persianas y coloco las flores nuevas en el jarrón al compás del sonido intermitente del monitor. Te doy los buenos días como cada mañana aunque sé que no responderás. Antes de comenzar a leer el periódico te humedezco los labios con una gasa y repaso con la punta de mis dedos el contorno de tu barba incipiente. Blanca ha hecho un buen trabajo con el afeitado; se lo comentaré esta noche cuando empiece su turno.
Acerco el sillón al costado derecho de tu cama y te leo la prensa desde la última página hasta la primera, como siempre hacías. Sobrevuelo las esquelas con una sonrisa porque casi puedo oírte preguntarle a mamá quién ha dejado de fumar. Ella fingía indignarse y tú repetías la broma al día siguiente.
Pero mamá ya no está.
Cuando murió, muchos pensaron que dejaría de venir, no entendieron que yo ya no sabía vivir de otra manera. He celebrado cumpleaños en esta habitación y he recibido buenas y malas noticias entre estas cuatro paredes. He rechazado viajes y desechado invitaciones mientras aprendía a distinguir el sonido de cada alarma y a reconocer el humor de las enfermeras incluso antes de que entren por la puerta.
A veces pienso que conozco mejor este pasillo que mi propia calle.
La semana pasada una enfermera nueva me preguntó por qué seguía viniendo todos los días. Le respondí mirando la fotografía de mamá que tienes en la mesilla.
—Algunas promesas duran más que las personas.
Se emocionó. Yo también sonreí.
Esta mañana el neurólogo aparece en la habitación con esa expresión que los médicos reservan para las buenas noticias y me pide que me siente. Habla de actividad cerebral, estímulos y de respuestas que hasta ahora no existían. Dice que todavía es pronto, pero que hay posibilidades reales. Cuando termina, me estrecha la mano y sale al pasillo.
Mis ojos recorren el camino inverso de su espalda a tu rostro inmóvil. Sigo sentado.
Tus manos reposan apoyadas sobre la sábana, el periódico permanece abierto sobre mis rodillas y el sonido constante del monitor flota entre nosotros, todo exactamente igual que ayer. Igual que hace años. Miro las flores del jarrón y me doy cuenta de que por primera vez no sé qué decirte.
Después de tanto tiempo, no puedo permitir que despiertes.
Y hasta aquí llega la colaboración de Izaskun Albéniz en Los relatos de Peter.
Ha sido un auténtico placer abrir este espacio a una voz capaz de construir una historia tan delicada como contundente. Con una prosa contenida, sin artificios, Izaskun nos recuerda que los grandes giros no siempre necesitan estridencias; a veces basta una última frase para obligarnos a releer todo lo anterior desde otra perspectiva.
Gracias, Izaskun, por compartir este relato con nosotros y por regalarnos unos minutos de buena literatura.
Espero que esta no sea la última vez que nuestros caminos literarios se crucen.
Gracias por leer.
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Nos seguimos leyendo.





Muchísimas gracias por abrirme las puertas de tu casa, Pedro. Ha sido un auténtico placer y un lujazo compartir letras contigo y con toda la comunidad de escritores y lectores que te acompañan. Un abrazo grande.
Muchas gracias por este excelente relato. Me he sentido identificado con la situación del protagonista y creo haber comprendido su última frase. Viví algo parecido en relación con el final de la vida de mi padre, quien pasó nueve meses en un CTI, cuadripléjico y necesitando asistencia ventilatoria mecánica para respirar. Pero mi papá estaba lúcido la mayor parte de ese tiempo, por lo cual manteníamos expectativas acerca de cualquier mejora que se nos propusiera.
Mi padre falleció hace 25 años. Es la primera vez que relato públicamente esa historia familiar y fue Izaskun quien me motivó a compartirla. Gracias.