Hay colaboraciones que no se buscan.
Se reconocen y esta de Prisco García es una de ellas.
Como cuando una palabra ajena nombra algo que ya habitaba en ti.
Como cuando alguien escribe desde un lugar que no necesita demostrar nada… porque simplemente es.
Hoy abre esta casa una voz distinta.
No viene a ocupar espacio.
Viene a sostenerlo.
Prisco escribe desde ese lugar poco habitual donde el ruido baja y lo esencial empieza a escucharse.
Su proyecto, Tazas de Tao, no es solo una newsletter.
Es una invitación.
Una forma de detenerse sin detener la vida.
De habitar lo cotidiano con una mirada distinta.
De acercarse, poco a poco, a ese centro que tantas veces intuimos… y tantas otras olvidamos.
No hay promesas grandilocuentes.
No hay urgencia.
No hay presión.
Solo una taza.
Y, a veces, eso es suficiente.
Te dejo con sus palabras.
Tú, yo y el té.
Un día como hoy, 2 de abril, hace unos años, me acerqué a ver al Maestro. Llevaba conmigo a un buen amigo que tenía dolor de espalda crónico.
El Maestro nos reservó la tarde completa para estudiar el caso, enseñarme el tratamiento, compartir, tomar té y ser felices.
Sí, ser felices.
Verás.
En los meses en los que viví en China, encontré muchas respuestas, aunque fueron nuevas preguntas el verdadero tesoro del viaje.
Cuántas veces la Verdad se esconde en la pregunta ...
Bueno, inmerso en una inmensa curiosidad, una vez le pregunté al Maestro:
- ¿Qué es para ti la felicidad? - Tú,yoyelté.
Simple, bello, real. ¿Cómo no iba serlo?
No quiero limitar su profunda respuesta con mis palabras.
Pero me atrevo a decir que uno de los miles de mensajes que esconde habla de la belleza
de lo cotidiano, del presente y del compartir.
Así, aquella tarde experimentábamos la felicidad. Al día siguiente, el Maestro se marchó de la ciudad.
Viajaba para ver a su maestro, que aún a día de hoy vive en lo alto de una de las montañas sagradas para la tradición taoísta.
El Maestro en el camino de tres días para ver a su maestro.
En esta tradición, como en todas las grandes tradiciones, el conocimiento se ha transmitido siempre de maestro a discípulo.
De uno en uno, con muchos años de práctica en cada generación, durante milenios. Muchos secretos y mucha disciplina.
Seguramente eso haya hecho posible que la información haya llegado hasta hoy.
¿Y hoy qué?
Pues hoy todo sigue igual en el fondo, pero nada es igual. Quiero decir que el conocimiento de LO QUE ES sigue siendo. Pero lo que hay, no es igual que lo que hubo.
El QUÉ se mantendrá eternamente, el CÓMO va cambiando.
¿Qué?
Que hoy puedes vivir de la contemplación en lo alto de una montaña, aislado de la sociedad.
Pero también puedes vivir en sociedad y caminar el Tao.
Tú, que estás leyendo esto, vives una vida “normal”. Y yo también.
Lo que es “normal” para ti no necesariamente es lo mismo que para mí.
Pero ambos vivimos en sociedad y tenemos correo electrónico.
Ahora bien, ¿hay algo que podamos hacer para vivir el Tao en nuestra vida cotidiana?
Claro.
Pero espera. ¿Qué es el Tao?
Hace unos 5000 años Lao Tse dijo:
El Tao del que puede hablarse, no es el verdadero Tao.
Decía que querer entender el Tao es como agarrar agua con las manos: si aprietas se escapa.
Sólo hay una manera de acercarse a ello: experimentándolo.
¿Acaso conoces a alguien que se haya emborrachado entendiendo intelectualmente el vino
sin probarlo?
Bien.
Pues no podré usar ni una sola palabra para describirlo sin alejarme de su verdadero significado.
Así que, no lo voy a hacer.
Pero te reconfortará saber que has vivido el Tao, que en el fondo eres eso.
Ha sido el olvido de lo que somos, lo que nos ha alejado de vivir en armonía con el Tao.
¿Quiénes somos? ¿Qué hacemos aquí?
Quizá las dos grandes preguntas de la historia de la humanidad. Quizá los dos grandes caminos de autoconocimiento.
Para estas dos preguntas y para saber qué es el Tao, me gusta creer que:
Hay una única Verdad que es inalcanzable por la naturaleza misma de las preguntas.Pero el camino debe dirigirse hacia la Verdad.
Surgiendo así las infinitas verdades y posibilidades.
Lo que da origen al poder creador y transformador de todo ser humano.
El ser humano siempre se ha cuestionado qué hay más allá de sí mismo.
Y quizá, por miedo a la muerte, por miedo a perder lo conocido, surgió la alquimia occidental.
La alquimia fue una antigua disciplina filosófica y práctica que combinaba química, metalurgia y misticismo buscando la transmutación de metales en oro, la piedra filosofal y la inmortalidad.
¿Y crees que eso acabó, según se dice, hace unos 500 años? Yo creo no.
Seguimos buscando fuera, seguimos queriendo escapar.
Nos perdemos la vida por miedo a perderla.
Mientras tanto, en oriente, también practicaban alquimia.
En realidad, como humanos, también querían experimentar la vida, más y mejor. También buscaban longevidad, vitalidad, salud y disfrute.
Cómo no.
Pero usaron otro enfoque.
Sabían que todo cambio verdaderamente real, sucede desde el interior.
Esa fue la clave de su éxito.
Esa es en realidad la clave de todo. Pero claro, es el camino difícil.
Es el camino valiente.
Pero es el camino.
Y con la experiencia y observación de miles de años descubrieron lo que se llama El Mapa de lo Interno.
Así surgieron ciencias como la Medicina Tradicional China, la práctica de Qi Gong y la Alquimia Interior Taoísta.
La razón por la que te cuento esto es porque hoy, en nuestra vida “normal”, en el mundo cotidiano, tenemos la suerte de poder aplicar estas ciencias para transformar nuestras realidades.
Gracias a que el conocimiento se ha ido traspasando generacionalmente.
Podemos vivir una vida de fluidez y armonía o de rigidez y conflicto.
Independientemente de lo que haya fuera de ti.
En fin, más allá de vivir 100 años o no.
En lo cotidiano, como humanos, podemos sacar la virtud de todos los recursos que poseemos.
O no.
Podemos experimentar una realidad u otra. Podemos envejecer o rejuvenecer. Podemos ser flexibles o no.
Podemos disfrutar o no.
Podemos reír o no. Hoy, elegimos.
Si quieres conocer más sobre el Tao, la Medicina Tradicional China y el arte de transformar y transformarte, te invito a pasarte por el salón de Tazas de Tao:
Pronto se abrirá un espacio para practicar la Alquimia Interior Taoísta. Que Dios te bendiga,
Prisco | 长青
☯👉
Es un honor poder compartir este espacio por el que han pasado tantos de los grandes. Gracias por abrirme la puerta Pedro, ha sido un placer.
Es el colaborar y el compartir lo que honra el potencial real del ser humano.
¡Un abrazo!
Hay textos que no se terminan.
Se quedan.
Como el calor de una taza entre las manos cuando la conversación ya ha acabado.
Como esa sensación difícil de nombrar que aparece… y no se va del todo.
Hoy despedimos —o quizá mejor, acompañamos— a Prisco en este paso por la casa.
“Tú, yo y el té”.
No sé si hay una forma más sencilla —y más profunda— de decirlo todo.
Porque, en el fondo, de eso va también este espacio.
De lo cotidiano que se vuelve significativo cuando se mira despacio.
De lo compartido que no necesita explicarse.
De ese instante en el que, sin hacer ruido, algo encaja.
Quizá por eso su texto no pide ser entendido.
Pide ser vivido.
Como el Tao.
Como tantas cosas que, cuando intentamos atrapar con palabras, se nos escapan…
y cuando dejamos de hacerlo, aparecen.
Gracias, Prisco, por traer esa pausa.
Por recordarnos —sin decirlo del todo— que no siempre hay que buscar.
Que a veces basta con estar.
La puerta de esta casa queda abierta.
Y la taza… también.
Si al leerle has sentido algo —aunque no sepas bien qué—,
quizá no sea necesario entenderlo.
A veces, eso ya es el comienzo.
Gracias por leer.
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Nos seguimos leyendo.






