VIVIR
Pedro Gala escritor
Miércoles, mañana
Hay días que no piden productividad.
Piden presencia.
Días para volver a uno mismo.
Para respirar despacio.
Para recordar que vivir no consiste únicamente en avanzar, sino también en detenerse a sentir el lugar exacto desde el que caminamos.
VIVIR con mayúsculas no es hacer más.
Es estar más.
Es conservar la capacidad de emocionarse.
De seguir teniendo sueños incluso después de algunas derrotas.
De mirar a quienes amamos con ternura.
De sostener la esperanza cuando todo alrededor parece invitar al cansancio.
VIVIR con mayúsculas es aceptar que la vida, como el buen chocolate negro, mezcla dulzura y amargor en la misma pieza.
Y quizá precisamente por eso nos despierta.
Porque lo verdaderamente importante nunca llega envuelto en una sola emoción.
Con los años uno descubre que casi todo pasa.
Lo hermoso y lo difícil.
La euforia y la herida.
La llegada y la despedida.
Y entonces comprendemos que vivir no consiste en evitar el dolor, sino en atravesarlo sin dejar de ser nosotros mismos.
VIVIR con mayúsculas también es estar atentos.
Escuchar.
Acompañar.
Tender una mano cuando alguien se queda quieto en mitad del camino y ya no sabe muy bien hacia dónde seguir.
A veces los mayores naufragios suceden en silencio.
Por eso admiro tanto a quienes continúan siendo amables en medio del ruido.
A quienes aún conservan humanidad en tiempos acelerados.
A quienes comparten lo poco o lo mucho que tienen sin esperar aplausos.
Porque quizá la verdadera abundancia consista en eso:
en poder ofrecer refugio.
Escribo estas líneas desde la calma.
Sin grandes certezas.
Sin necesidad de demostrar nada.
Solo con el deseo de vaciar un poco el corazón sobre el papel, como quien abre una ventana después de una habitación demasiado cerrada.
Y mientras escribo, vuelve a mí la voz pausada y luminosa de José Luis Sampedro, recordándome algo que nunca deberíamos olvidar:
“No nos educan para vivir, sino para producir.”
Quizá por eso escribir, leer, amar, escuchar música o contemplar la lluvia sigan siendo pequeños actos de resistencia.
Porque el tiempo no es oro.
El tiempo es vida.
Y vivir —a pesar de todo— sigue siendo un privilegio hermoso.
Gracias por leer.
Si este texto te ha acompañado aunque sea un instante, te invito a dejar un me gusta, compartirlo o contarme qué parte ha resonado contigo.
Y si aún no formas parte de esta casa azul, puedes suscribirte para recibir cada nuevo texto directamente en tu bandeja de entrada.
Nos seguimos leyendo.



Por eso es importante estar presente hoy/ahora, no mañana ni ayer, para VIVIR con mayúsculas como bien dices. Nos hemos acostumbrado a vivir "a piñon" y la vida no espera a que te pares a observarla y disfrutarla. Gracias por esta reflexión tan bonita ❤️
Me identifico con cada palabra que escribes. Gracias. 🙏